Retorno

18 enero 2012 2 comentarios

No sé si vuelvo a escribir porque unos tambores hacen demasiado ruido dentro de mi cabeza o simplemente porque en un año que llevo sin veros por aquí las historias ya no caben en mis bolsillos. El caso es que con un par de hijos que me apuran el poco tiempo que me queda regreso con la intención de ir poquito a poco devolviendo a este blog un poco de vida. Así que sólo queda ponerse manos a la obra. Prometo no morir en un propósito.

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Perdido

18 enero 2012 3 comentarios

Llevo algunos días que lo pierdo todo. Empieza la mañana y al cabo de unas horas he perdido el reloj, la cartera, el móvil, el DNI y el anillo de compromiso. Al rato, me pongo a buscar la agenda de contactos y tampoco la encuentro. Lo grave es cuando me doy cuenta de que he perdido el coche, las llaves de casa y el pin para entrar en mi cuenta bancaria. Ayer me preocupé bastante cuando al picarme la cabeza no me la encontraba.

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Tampoco hoy se abrirá

18 marzo 2011 9 comentarios

Cuando pensaba que todo se había solucionado, que podíamos compartir la misma mesa como una familia normal, aunque apenas se miraran, volvía a suceder y el pasado regresaba de nuevo con sus reproches, sus ajustes y sus envidias. Cuando creía que habíamos puesto punto y aparte a un conflicto que nos había desgastado a todos, que nos había hecho perder muchas comidas de domingo en el campo juntos, irrumpía la sombra de unos celos mal curados y el cuento se repetía. Broncas en el pasillo, llamadas de teléfono llenas de monosílabos, silencios y muchas lágrimas invisibles. Hace unos meses puse fin a mi paciencia y les dije a los dos que hasta que no se perdonaran no quería volver a verlos por mi casa.  Termina el día.  Mordisqueo una cola de merluza. Mi mujer vigila por la ventana. Una fotografía con dos niños abrazados posa sobre la estantería. El teléfono no suena y me temo que la puerta de casa, de nuevo esta noche, tampoco se abrirá.

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Tropiezos

18 febrero 2011 5 comentarios

Mi padre me recordaba cuando era pequeño que la vida está llena de tropiezos.  Ahora sé porque él tiene tantas heridas.

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Volveré pronto (estoy de baja por paternidad)

17 febrero 2011 6 comentarios

Los adoro pero no me dejan escribir. Tras sus llantos, sus abrazos, sus sonrisas y sus noches en vela solo me queda tiempo para ir al curro y escaparme unos minutos y leeros. Y lo cierto que desde que nació Natalia hace 20 días y Pablo hace ya dos años las historias se amontonan en mi cabeza. Así que tendré que aprovechar y teclear algunas líneas entre pañales y lágrimas. Os hecho de menos  a cada uno de los que sé que esperáis algún micro en algún rincón de la Red.  Volveré pronto. Os lo prometo. Mientras os envío un abrazo de un escritor que además ahora le toca ser intensamente papá.

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Un cuento (Finalista Relatos en Cadena)

16 diciembre 2010 32 comentarios

Hola, aquí os dejo el relato finalista de esta semana en el concurso Relatos en Cadena, de la Cadena Ser. Espero que os guste. Aquí están los otros participantes.

Un cuento

Recuerda a papá que baje la tapa, que compre las pilas, que encienda la calefacción a media tarde, que saque los platos del lavavajillas, que estire las sábanas, que guarde las zapatillas, que recoja tus juguetes, que cuelgue sus sueños en el armario, que apague su tristeza, que meta en el cajón su mal humor y, por supuesto, recuérdale que te de un beso de buenas noches y que deje la luz encendida cuando el lobo se haya escondido en el armario.

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La pedida de mano

9 diciembre 2010 7 comentarios

Metí a Nueva York en mi salón. Un vuelo cancelado y una huelga salvaje.  Coloqué a la estatua de la Libertad en una esquina, junto al sofá. Rockefeller Center lo acoplé cerca de la librería y un trocito de Times Square lo situé próximo al televisor de plasma. Le pedí que cerrara los ojos. La acompañé hasta la entrada. Me acerqué al equipo de música y pulsé el play. La garganta de Frank Sinatra fue dibujando una capita atmosférica, como de burbuja, elevándose hasta el techo. Volví hasta donde estaba. Me pareció más hermosa que nunca. Alargué mi mano y agarré la suya suavemente llevándola hacia mí. Allí, debajo de un ciprés de Central Park le pedí que se casara conmigo.

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Finalista Relatos en Cadena (la semana que viene)

8 diciembre 2010 5 comentarios

No penséis que me olvidado de estas letras de escarcha, pero varios proyectos me han aislado algunos meses del blog. A alguno os sigo leyendo, desde el silencio, pero con la misma intensidad.

Mañana estaré por la Ser, creo que soy finalista de esta semana. Dejaré más tarde por aquí el relato. Nos volvemos a ver pronto. Un abrazo.

Por motivos de actualidad, se aplaza la final semanal hasta la semana que viene.

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La vida en un día

20 octubre 2010 11 comentarios

Me escapé del nicho a media noche. Encontré rápido la residencia. Recogí mis cosas y busqué la estación de autobuses. Uno me llevó hasta Lugo. Allí supe que mis hijos estaban al tanto de una tienda de ultramarinos. Se llevaron un susto de muerte pero me atendieron. Pasamos una tarde fantástica, con fotos, recuerdos, sin reproches. Miré el reloj. Era muy tarde. Les di un beso y salí corriendo, sin explicaciones. Como siempre. Marta me esperaba en la habitación 18. Sentí su cuerpo tan virgen. Más tarde, me dormí y al poco desperté horrorizado. Todo a mi alrededor era agua.

 

(Participó en el concurso “Mi vida en 100 palabras”. Lo han publicado en un libro que han editado con motivo del concurso donde, por cierto, hay otros escritores noveles conocidos. Felicidades a todos)

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Cálculos

12 octubre 2010 25 comentarios

Marta nació de un calentón, pero lo de Pablo fue un error de cálculo. Aquel día cambié el preservativo por una rápida suma, a oscuras,  de días fértiles y retrasos. Al fin y al cabo, las Matemáticas nos han acompañado siempre.  Sumando facturas, cuotas, mentiras y silencios. Restando años, encuentros furtivos, salidas al cine y regalos de cumpleaños. Multiplicando deudas, visitas a casa de tu madre, discusiones en el ascensor y reproches  sobre la nevera. Esta mañana te has levantado antes que yo. Nos hemos encontrado en el pasillo, como dos desconocidos. Me has mirado con algunas legañas todavía en tus ojos. Sin oírte lo he entendido. Viene el capítulo de las divisiones.

 

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Cerrado por baja temporal

26 septiembre 2010 15 comentarios

Al principio se conformó con un puñado de hasta luegos.  Luego le pareció insignificante esa cantidad y aumentó la intensidad regalando un montón de sonrisas.  Al cabo de un par de semanas estaba cansado de mantener el mismo inventario. Tenía que innovar y añadió a su repertorio docenas y decenas de besos.  Llegaba a casa agotado después de cada jornada pero se tumbaba sobre el sofá con la sensación de haber hecho un buen trabajo. No obstante, pasados varios meses, volvió a sentir que debía renovar su catálogo y sumó a su lista un sinfín de abrazos. Sus ganas de amar incondicionalmente estaban alcanzando límites que nunca antes había experimentado. Se sentía feliz y completo. Un día mientras cocinaba llegó un imprevisto. Una lágrima se deslizó de repente por la mejilla. Cristalina y salada, diminuta e inoportuna.  A los pocos días decidió cerrar el negocio.

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La búsqueda

23 septiembre 2010 15 comentarios

Te presiento en las matrículas de los coches, en la cola del cine, en los laberintos de conservas y envasados de algún centro comercial. Te busco entre la muchedumbre de la calle Gran Vía, mirando un maniquí con ropa de marca, preguntándome si habrá un saludo o un giro de cabeza, si nos miraremos a los ojos, o buscaremos un pretexto entre los huecos del asfalto. Te busco en las llamadas perdidas, en los mensajes sin asunto y detrás de las puertas. Pero solo te encuentro en mi cabeza.

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La calle

16 septiembre 2010 10 comentarios

Abro la ventana con cierto nerviosismo para alejarme de sus voces. Un suspiro de aire me da una suave bofetada que me alivia. Me asomo y allí está la misma calle de siempre. Doy gracias por ello, al comprobar que sigue ahí la vecina de enfrente colgando su ropa mientras me sonríe, y no se ha marchado el nido de gorriones agazapado en el hueco de los ladrillos. Busco una esquina de la calle y me detengo en la hilera de coches, bajo los abedules. Por la izquierda entra María, bajo la mochila, como si persiguiera a un ejército de hormigas, camino de su portón. También siguen el banco de madera, rasgado y maltratado por los chicos de la otra comunidad, que esconde mi nombre en sus entrañas o el patio de la casa de Inés que descubro cada día como si fuera la primera vez,  con la nueva lencería y sus mismos misterios. Cuando consigo olvidar donde vivo mamá entra a buscarme.  Esta vez no ha llorado pero sus ojos me dicen que lo hará en cuanto la abrace. Las voces de papá giran en el interior de la lavadora.

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Rarezas

9 septiembre 2010 11 comentarios

Al tratar de encender la tele me di cuenta de que había comenzado a funcionar la lavadora.  Curiosamente en su interior no había ropa. Tampoco imágenes sobre el plasma. Probé con el aire acondicionado y en su lugar la sintonía de los informativos se dejó escuchar en algún rincón de la cocina procedente del transistor. Preocupado por la difícil situación, me trasladé a mi habitación. Todo estaba en orden. Apreté el interruptor del ventilador de techo y en su lugar comenzó a girar el de pie. Algo similar ocurrió en el cuarto de baño. Al presionar el botón del retrete el agua comenzó a salir por el grifo del lavabo.

Dejé de experimentar y llamé a mi mujer. De repente, su móvil sonó dentro de mi bolsillo.  Bajé la cabeza y la vi deslizándose por el pantalón.

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La playa

4 agosto 2010 4 comentarios

Soplaba el viento. Una ola se había colado por una ranura de mis ojos. Distinguí tu cuerpo, envuelto en una marea enfadada. Alargué la mano para rozar tu piel de caramelo.  Cerré los ojos y recorrí cada esquina, cada rincón, como si acabara de entrar en una casa vacía, recién estrenada. Besé cada hueco de tu cuerpo, respirando en cada milímetro, exhalando el aroma de tu vello rizado.  Estaba a punto de conseguir que apenas me miraras cuando Alba me tiró del bañador. Allí estaba, tan pequeña, sosteniendo un rastrillo de plástico verde. Volví a buscarte pero ya eras solo un sueño. Alba quería jugar conmigo.

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La semana

30 julio 2010 8 comentarios

Empezaba a quererte los lunes. Los martes, conseguía comprender que estabas cansada de los lunes. Los miércoles comenzaba a preparar el terreno de los viernes. Los jueves, apenas volvías del trabajo, te preparaba una cena baja en calorías. Los viernes recogía los frutos de los miércoles y acabábamos en una pensión mediocre, donde las sábanas olían a otros, pero tu cuerpo solo a ti. Los sábados terminaba de quererte y me preocupaba de mi. Los domingos nunca tuvieron objetivo, por eso parecíamos dos fantasmas que se tropiezan en el pasillo.

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Ayer

30 julio 2010 6 comentarios

Ayer me hubiera gustado verte o simplemente hablar contigo, que me contaras el alboroto de los niños jugando con las olas, que me dijeras que te encuentras mejor, que me preguntaras por tu nieto, por sus primeras palabras inacabadas dentro de una vida recién empezada.

Ayer me hubiera apetecido charlar contigo y comentarte que te echo de menos, aunque no te lo hubiera dicho con palabras, porque ya sabes que nuestros tequieros se transforman en besos de despedida con un te veré pronto.

Ayer, hubiera querido tener fuerzas para coger el inalámbrico y marcar los nueve números que nos separan y contarnos cosas, escuchar tu voz, decirte que iré mañana, aunque el mañana me aterre tanto como a ti, que vives el hoy sentada sobre dos ruedas esperando a que suene el teléfono,  a que sea yo quien te salude y tu nieto quien se despida.

Ayer, mamá, no pude, al pensar que tal vez el tumor ya no te deja hablar conmigo.

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Miedo

23 julio 2010 9 comentarios

Tengo miedo. No el mismo miedo que aterra a mi hijo cuando se acerca a un pasillo sin luces, ni el que siente Claudia cuando se asoma al tablón de anuncios de su colegio al finalizar el curso. Tampoco es el mismo que recorre la columna vertebral de mi compañero Andrés cada vez que nuestro jefe se dirige hacia su mesa. Tengo miedo a echarte de menos, a querer abrazarte y comprobar que te has marchado para siempre.

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Paréntesis

Empezaba a quererte los lunes y a comprenderte los domingos. Comenzaba a vestirme en el vestíbulo y acababa  en el coche, ajustando la corbata y atinando con los gemelos entre descansos en rojo. Iniciaba la jornada en la puerta de la oficina y siempre concluía en casa con las últimas llamadas. Me ponía a comer de camino al parque y mordisqueaba una manzana de vuelta. Te escuchaba después del desayuno y continuaba haciéndolo a ratos, a través de los mensajes, las perdidas o las notas. Sin embargo, siempre te hacía el amor de un tirón, sin cortes, sin pretextos, como un paréntesis que nos liberaba de un mundo caótico.

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Otro día

Julio confirmaba en Facebook a sus nuevos amigos. Marta se fundía con el teléfono en una esquina del sofá, buscando un beso, en otra casa, en otra esquina. Javier, mi marido, llegaba de viaje, cansado, con un traje oscuro que dejó en el armario gabanero del vestíbulo. Los últimos minutos de un día anodino se escapaban en silencio sin dar tregua.La tarta esperaba en el frigorífico. Los cincuenta llegaban con un traje nuevo. El sobre de la mamografía esperaba dentro del cajón. Otro día se esfumaba por debajo de la puerta.

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