La pedida de mano
Metí a Nueva York en mi salón. Un vuelo cancelado y una huelga salvaje. Coloqué a la estatua de la Libertad en una esquina, junto al sofá. Rockefeller Center lo acoplé cerca de la librería y un trocito de Times Square lo situé próximo al televisor de plasma. Le pedí que cerrara los ojos. La acompañé hasta la entrada. Me acerqué al equipo de música y pulsé el play. La garganta de Frank Sinatra fue dibujando una capita atmosférica, como de burbuja, elevándose hasta el techo. Volví hasta donde estaba. Me pareció más hermosa que nunca. Alargué mi mano y agarré la suya suavemente llevándola hacia mí. Allí, debajo de un ciprés de Central Park le pedí que se casara conmigo.
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Categorías:microcuento


Precioso, Pablo.
Felicidades por la selección en relatos en Cadena. Ya lo leeremos.
Un abrazo.
Hermoso. Felicitaciones.
Me parece estupendo que la huelga salvaje no acabase por arruinar el maravilloso viaje que había preparado.
Lindo micro Pablo, a pesar de las adversidades prevalece la imaginación. Se te echaba de menos…
Enhorabuena por la selección en REC
Un saludo indio
Bien hallado de nuevo, Pablo. Precioso regalo de vuelta. Y enhorabuena por tu final en la Ser. ¡Suerte.
Besos, mil.
Muchas gracias a todos por vuestros comentarios y por vuestra incondicionalidad.
Felicidades y ánimo. Siempre sacarás algún rato para escribir