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El taxista

En el Reino Unido, el taxista de un tertuliano que debía recogerle a la salida de la grabación se coló en el estudio de televisión y ocupó la silla de su cliente, lo que pone en evidencia el enorme potencial dialéctico de los taxistas.

Precisamtente, yo un día iba camino de la estación de autobuses en un taxi, pensando en mis cosas, mirando el reloj porque temía perder el bus y los taxis buscan el recorrido más largo cuando más prisa tienes, contemplando estupefacto cómo el taxímetro avanzaba a un ritmo frenético, cuando, de súbito, el tipo que conducía al lado mío, con un gesto desaliñado y una sonrisa entrecortada, me pregunta:

– ¿se va a la playa? Hace un día de playa, la verdad. Yo hace tiempo que no voy. El taxi atrapa mucho, sabe usted. ¿Qué va a hacer en la playa? Yo me tomaría una cervecita en uno de esos chiringuitos. ¿Veranea usted en una playa? Yo de pequeño tenía una casa en el Mar Menor, era de mis abuelos. Pasaba allí todo el verano. Qué lujo. No veía a mis padres en dos meses. Por las noches me encontraba a escondidas con una chavala de mi edad, debajo del suelo de uno de los balnearios que había en el Mar Menor. Ahora, se los han cargado todos.

Al llegar a la estación de autobuses, paró el taxímetro, me cambió un billete de 5.000 pesetas y se despidió con un cálido saludo.

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