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El secuestro

Mi primer secuestro ocurrió ya entrada la primavera, a mediados de junio. Habían terminado las clases. Los abuelos habían ganado la batalla y nos trasladaban a todos los hermanos a un pequeño caserío en la montaña, pues ya había llegado el dictamen de las calificaciones finales.

No estuvo planeado. Surgió de repente, mientras jugábamos Marta y yo a la rayuela. Lo vimos demasiado indefenso, junto al árbol. Nos miramos con decisión. Varios segundos. Ninguno de los dos habló. Caminamos un par de metros, cobijándonos entre los arbustos. A la de tres nos abalanzamos sobre él y Marta lo atrapó con sus dos manos. Lo llevamos a casa. Parecía asustado. Buscamos una caja de zapatos de la abuela. Colocamos un trozo de lechuga en un extremo y un trozo de lata con agua en el otro. Nos acompañó todo el verano. A finales de septiembre, Marta y yo lo pusimos en libertad. A nosotros nos secuestraban para llevarnos a la ciudad.

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Categorías:Uncategorized
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