– ¿Y por qué hablar de ella, ahora, precisamente ahora… después de tantos años?
– Porque te acaba de dejar un mensaje en el contestador invitándote a tomar un café esta misma tarde y, la verdad, no estoy dispuesta a soportar de nuevo una relación de tres, dijo finalmente perdiéndose detrás de un portazo.

Me quedé pensando en silencio, contemplando los ventanales del patio interior. De súbito, alguien abrió uno de ellos. Un brazo alargado y pálido comenzó a colgar delicadamente de la cuerda unas bragas, un sujetador y unas medias. Me aparté unos centímetros a la izquierda, ocultándome entre las cortinas. El brazo dio paso a unos pechos preciosos atrapados bajo una blusa azul celeste. La chica completó toda la cuerda de ropa interior y cerró el ventanal. Me adelanté un poco al borde y recorrí de un vistazo la hilera de prendas. Al llegar al extremo, me quedé estupefacto. Las cortinas venecianas habían dibujado una sonrisa y un ojo parecía que me guiñaba. Me escondí rápidamente y me pregunté si realmente sería ella. Por la tarde, en el café, supe que sí.

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Categorías:Uncategorized
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