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Viajes

Cuando llego a casa los viernes por la tarde, después del trabajo, la ropa se ha escapado del armario. Permanece doblada sobre la cama, agrupada por categorías, perfectamente organizada. Le doy un beso a mi mujer y me meto en la ducha. Al salir, la cama está vacía, como si el armario se la hubiera tragado de un mordisco. Nunca le he preguntado por qué lo hace. Me ha divertido más  imaginar que sueña  con que viajamos durante el fin de semana a una ciudad europea, a un hotel de la playa, o nos perdemos, como cuando éramos jóvenes, en una pensión de las afueras.

Sin embargo, ayer era jueves y la ropa ya estaba encima. Observé extrañado y comprobé que sólo había sacado la suya. No me atreví a preguntarle. Cogí la escalera, busqué sus maletas y las escondí en el altillo de los niños.

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  1. Yo
    5 diciembre 2009 en 22:34

    Y si en vez de esconderlas hubieras puesto tu ropa y la de ella dentro y se hubieran ido por ahí solos a pasar el fin de semana, no hubiera sido mejor?
    Seguro que ella se hubiera sorprendido!!!

  2. 6 diciembre 2009 en 2:52

    Pues sí, hubiera sido buena idea, pero el relato hubiera perdido fuerza. Un saludo.

  3. Yo
    7 diciembre 2009 en 18:54

    También es verdad! te doi la razón. un saludo

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