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En el jardín

Se fue sin decir nada. Le dejé la puerta abierta por si volvía, pero sólo entraban insectos, curiosos vecinos y nubes de polvo, así que la cerré y seguí esperando dentro. Al principio era incómodo mantenerme tantas horas erguido sobre una silla de mimbre. Luego fui cogiendo la postura y hasta conseguía dormirme manteniendo la cabeza ligeramente inclinada, junto a la puerta.

Al cabo de algún tiempo regresó muy guapa, con los labios pintados y el pelo recogido. Se había olvidado de devolverme algo. Llevaba una bolsa de tela colgando de su muñeca. Se acercó lentamente y me la entregó. Antes de que le dijera nada me besó y se despidió para siempre. Al abrir la bolsa una bocanada de aire putrefacto me sacudió la cara. Traté de sacarlo con las dos manos pero al intentar encajarlo en su hueco comprobé que no había espacio,  que había cicatrizado. Así que cavé una zanja en el jardín y lo enterré. Desde entonces late junto a las rosas y las orquídeas.

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Categorías:Microrrelatos
  1. 6 abril 2010 en 10:14

    Muy buen relato, Pablo, pese a ser una idea machacada, esa del corazón arrancado. Aportas buenos detalles (lo del pestazo putrefacto, lo de latir junto a las flores, lo de la cicatrización…). Me gustó.

    Un saludo.

  2. 6 abril 2010 en 10:18

    Hola Víctor, gracias. Era consciente antes de escribirlo de que el tema está muy usado, así que había que darle una vuelta más, un giro inesperado o utilizar algún elemento que lo hiciera ciertamente original. Espero haberlo conseguido. Un saludo.

  3. 6 abril 2010 en 17:32

    a mi me resulto al críptico, no sé, me costó entenderlo más que otras veces.
    Por lo demás, la redacción es perfecta como siempre, al igual que los tiempos del texto.

    8

    • 7 abril 2010 en 8:59

      hola Daniel, el texto tiene su punto enrevesado, pero me alegro que al menos la redacción lo aclare un poco.

  4. Yo
    6 abril 2010 en 19:25

    Ese corazón ya no late,falleció definitivamente cuando ella se marchó!

    un saludo

    • 7 abril 2010 en 8:59

      O prefire latir bajo las flores, para encontrar de nuevo una razón.

  5. 7 abril 2010 en 6:10

    No se devuelven los corazones muertos, bastante se tiene ya con aprender a vivir sin ellos.

    Muy chulo, Pablo.

    Un beso

  6. 7 abril 2010 en 13:22

    Es un buen tratamiento del corazón como víscera. Siempre me he preguntado si a los cantantes pop les pagan por el número de veces que incluyen esa palabra en sus canciones. A ti te queda mucho mejor.

  7. Marta
    15 abril 2010 en 23:30

    Para corazones muertos y desenterrados, el de la canción ELEGÍA, de Serrat. Por la muerte del amigo Ramón Sijé, íntimo de Miguel Hernández, que le escribió un poema precioso que desde algún sitio lejano habrá oído. No hay letra de dolor más intensa.

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