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La calle

Abro la ventana con cierto nerviosismo para alejarme de sus voces. Un suspiro de aire me da una suave bofetada que me alivia. Me asomo y allí está la misma calle de siempre. Doy gracias por ello, al comprobar que sigue ahí la vecina de enfrente colgando su ropa mientras me sonríe, y no se ha marchado el nido de gorriones agazapado en el hueco de los ladrillos. Busco una esquina de la calle y me detengo en la hilera de coches, bajo los abedules. Por la izquierda entra María, bajo la mochila, como si persiguiera a un ejército de hormigas, camino de su portón. También siguen el banco de madera, rasgado y maltratado por los chicos de la otra comunidad, que esconde mi nombre en sus entrañas o el patio de la casa de Inés que descubro cada día como si fuera la primera vez,  con la nueva lencería y sus mismos misterios. Cuando consigo olvidar donde vivo mamá entra a buscarme.  Esta vez no ha llorado pero sus ojos me dicen que lo hará en cuanto la abrace. Las voces de papá giran en el interior de la lavadora.

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Categorías:Microrrelatos
  1. 16 septiembre 2010 en 13:01

    Qué bueno!! me ha gustado muchísimo, las descripciones de la calle y sus personajes se ven claras y cuando pensaba que la rutina le daba seguridad al protagonista, “lo de siempre”, le da la bofetada de lo que es su realidad. Bien, bien, para mi gusto, muy bueno. Un abrazo.

    • Pablo de la Rua
      17 septiembre 2010 en 10:39

      Hola MAite, me alegra que te haya gustado. Sí eso que comentas era la idea del micro. Un abrazo.

  2. 16 septiembre 2010 en 13:33

    Fantástica descripción con un final que denota mucho trabajo detrás. Enhorabuena Pablo.

    Un saludo indio

    • Pablo de la Rua
      17 septiembre 2010 en 10:40

      Hola No comments, también me alegro que lo hayas disfrutado. Un abrazo.

  3. 22 septiembre 2010 en 16:58

    Me ha gustado mucho, pero el final creo que es demasiado brusco, ya que no das pistas antes, quizá si dejaras caer antes que se escuchan voces quedaría más redondo. Un abrazo.

    • 23 septiembre 2010 en 8:58

      Hola Manu, sí creo que tienes razón en la necesidad de anticipar el final con suaves pistas. Siempre atento a tus consejos. Un abrazo.

  4. 22 septiembre 2010 en 19:10

    Buen micro, las loadoras parecen muy usadas para deshacerse de alguien, … en la literatura, ja, ja,

    • 23 septiembre 2010 en 8:57

      Hola Isabel, sin duda son uno de los aparatos que más me gustan. 🙂 Un saludo.

  5. 23 septiembre 2010 en 6:15

    Sombrío e impactante, por el final.

    Saludos.

    • 23 septiembre 2010 en 8:57

      Hola José Manuel, bienvenido a este rincón. Gracias por tus comentarios. Nos vemos por aquí. Un abrazo.

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