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Tampoco hoy se abrirá

Cuando pensaba que todo se había solucionado, que podíamos compartir la misma mesa como una familia normal, aunque apenas se miraran, volvía a suceder y el pasado regresaba de nuevo con sus reproches, sus ajustes y sus envidias. Cuando creía que habíamos puesto punto y aparte a un conflicto que nos había desgastado a todos, que nos había hecho perder muchas comidas de domingo en el campo juntos, irrumpía la sombra de unos celos mal curados y el cuento se repetía. Broncas en el pasillo, llamadas de teléfono llenas de monosílabos, silencios y muchas lágrimas invisibles. Hace unos meses puse fin a mi paciencia y les dije a los dos que hasta que no se perdonaran no quería volver a verlos por mi casa.  Termina el día.  Mordisqueo una cola de merluza. Mi mujer vigila por la ventana. Una fotografía con dos niños abrazados posa sobre la estantería. El teléfono no suena y me temo que la puerta de casa, de nuevo esta noche, tampoco se abrirá.

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Categorías:microcuento
  1. 18 marzo 2011 en 19:33

    Será la soledad el precio a pagar por expresar lo que sentimos? Y aunque se trate de nuestros seres más amados?

    Brutal micro!!!

  2. 18 marzo 2011 en 23:48

    O tengo un mal día o algo se me escapa… pero no me lo expliques, le daré más vueltas.

  3. 19 marzo 2011 en 12:24

    Hola Gotzon, reconozco después de leer el cuento que hay muchos elementos obviados, demasiada información implícita que puede hacer demasiado críptico el texto. Es posible que no termines de entenderlo. Pero son unos hijos que no saben perdonarse y un padre que los pone a prueba con un chantaje a pesar de no conseguirlo.

  4. 19 marzo 2011 en 18:29

    Caín y Abel se reinventan en este micro lleno de amargura. Muy bueno, Pablo.

    Besos, mil.

  5. 21 marzo 2011 en 4:56

    Tarde o temprano (esperemos que más temprano) las diferencias se resuelvan, aunque, si vamos a la historia, no siempre sucede. Supongo también, como Lola, que se trata de hermanos.

    Saludos.

  6. 22 marzo 2011 en 0:53

    No creo que haya demasiados elementos obviados. Me encantó. El giro final no llega hasta al final y te deja un sabor amargo por lo trágico de echar a dos niños de casa. Felicidades

  7. 23 marzo 2011 en 9:19

    Volverán. Solo espero que no sea demasiado tarde.
    Saludillos

  8. 11 septiembre 2011 en 7:31

    Fantástico, Pablo, como siempre.

  9. 26 octubre 2011 en 19:03

    Pendiente del regreso.

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