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Distancias

Nos habíamos acostumbrado a querernos a kilómetros. Nuestra distancia más corta se resolvía con un correo electrónico y un teléfono móvil. Con el tiempo, los viajes en coche se hicieron pesados y los fines de semana en tu ciudad o en la mía parecían más un velatorio de continuas despedidas.

Así que alargamos los encuentros. Los mensajes cortos fueron escaseando, los besos eternos se volvieron fugaces y los te quiero empezaron a salir a cuentagotas de tu boca y de mis teclas. Un día, por fin, decidimos vivir juntos. La emoción de los primeros días, pronto, fue languideciendo. Al poco, tuvimos que tomar una decisión para mantener la cordura y no dejar que hablaran demasiado de lo nuestro. Permanecimos en la misma casa pero alejados. Posits en la nevera, correos electrónicos desde el trabajo, mensajes cortos desde el sofá y algún adiós escrito sobre el cristal del recibidor. Esta mañana te has olvidado de dejarme la llave de tu otra casa y lo cierto es que no te has equivocado.

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Categorías:microcuento
  1. 14 junio 2012 en 10:06

    Hola Pablo.

    Parece que las distancias entre tus textos publicados empiezan a acortarse. Espero que siga siendo así.

    Un saludo indio
    Mitakuye oyasin

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