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Visita rutinaria

No, claro que no queremos, contestaba mi padre siempre con el mismo tono de voz y un portazo. Tras los primeros miércoles hubo cambios.  De la falda corta y el jersey de rayas pasó a la bata de cola, la nariz roja de gomaespuma, la máscara veneciana o los tacones de punta fina, siempre sosteniendo en la mano izquierda su catálogo de novedades. Papá, sin embargo, no cambiaba de opinión. Un día, quiso zanjar el tema. Se compró una peluca, se afeitó la barba y se colocó el traje de marine. Cuando abrió la puerta, la mujer lo esperaba con un vestido de novia. 

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Categorías:microcuento Etiquetas: , ,
  1. 14 septiembre 2013 en 13:27

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